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Partiendo desde la situación de Venezuela, las personas que ahora viven la crisis del no poder consumir como se hizo en algún momento, sufren un colapso, viviendo en un pasado de consumo ahora irrealizable. El ambiente que se siente en las calles es pesimismo, añoranza, recuerdos de una época pasada.

Ese compañerismo característico de la cultura, conversar con un desconocido en la calle, contarle tus problemas, establecer ese símbolo de intimidad, de conocerse toda una vida, sin conocerse; ahora se tornó una plática negativa de quejas por los costos de la comida, o bienes en general.

— No alcanza el dinero; en tal o cual lugar están vendiendo el arroz más barato, los servicios no funcionan, mi hijo(a) se fue a tal país…

Este pesimismo se expresa en un quietismo general.

Todos estamos de acuerdo en que el país se encuentra en mal estado, pero dependemos de las acciones de un gobierno que se aísla de los problemas sociales. Este cubre el hueco de su mala gestión con bonos a los ciudadanos, absurdos para el costo de la vida, alimentando una vivencia que está a la expectativa de recibir o no la bonificación; o encontrar la comida del día.

La resignación es el día a día. Las personas esperan cualquier tipo de solución, así sea una intervención; u otra dominación. En el desespero de salir de un problema realmente grave e incómodo, se apoyan en la esperanza de ideales pasados, que de una forma u otra incentivaron esta iniciativa supuestamente más amigable para los más necesitados, que ahora llamamos dictadura.

Los líderes realmente no se preocupan por los ciudadanos, existe un descontento; un dolor, ganas de un cambio. Lo sociedad venezolana está cansada de que roben los mismos venezolanos, está cansada de que ahora los nuevos ricos, antes pobres, expriman aún más la economía hablando de ideales que no cumplen.

La propaganda y el discurso decae en las acciones más inmediatas, se ven las consecuencias de una mala gestión resignada a durar lo más que pueda, para seguir llenándose los bolsillos.

Particularmente, no es el hecho de una izquierda o derecha; o un capitalismo o socialismo. Acaso, no son esas también construcciones sociales. ¿Por qué elegir alguno de los dos, si hemos visto sus resultados negativos?…

¿Podremos construir una nueva alternativa?  

¿Será la solución, esperar que se llenen las tiendas nuevamente de productos extranjeros?

¿La migración nos habrá enseñado, que tan difícil es trabajar o vivir en otro país, y su costo de vida?

¿Desperdiciaremos de nuevo el tiempo que tuvimos para construir dentro de nuestro propio país?

Producir nuestra comida, sembrar… ¿Cómo vemos el campo? ¿Qué es para nosotros el progreso?

¿Cuánto queremos parecernos a otras culturas? ¿Cuánto sabemos de la nuestra? ¿De nuestra propia historia?

El tema de la comida, es la conversación más general, más hablada, más repetida. ¿Es tan difícil afrontar, que a pesar de que nos dicen, y pensamos que somos un país rico, hay que desarrollar la autosuficiencia?

La autosuficiencia da libertad, somos esclavos de nuestros propios prejuicios, no producimos la comida que necesitamos. Los golpes nos enseñan. ¿Habremos aprendido?

¿Por qué nos seguimos golpeando en el ciclo interminable de una realidad aplastante?

El Estado tiene un monopolio en los servicios, el descuido del mismo provoca insatisfacción. No hay tantas tiendas como en otros años, cuando en épocas decembrinas, las calles atestadas de gente, comprando los estrenos para las esperadas fechas, caminando desesperados por los mejores precios, se adaptaban a la moda; la diferencia es que ahora, las utilidades se gastan en comida.

El cambio monetario ocasiona que las pocas empresas que quedan en el país, disminuyan su personal, dejando más cifras de desempleados, conformándose estos con los bonos regalados por el gobierno.

La gasolina es regalada, al igual que los servicios. Se desperdicia el agua en algunas zonas, en otras no hay disponible.

Todos están en constante ansiedad, hablando de las migraciones y sus dificultades, pensando en lo valioso del país; recordando el antes. La culpa va de un lado a otro, pero nunca recae sobre sí misma.

Cada uno de nosotros aportó, y desangró al país. Lo que se añora, no es cuidado responsable del mismo, sino más libertad para seguir haciendo lo que se nos da la gana, en ocasiones sin mucho trabajo.

Es más fácil una cultura que ignora, ríe y disfruta cada momento. Al final la vida es solo una, aunque ¿Dónde queda toda la responsabilidad como animal social? La responsabilidad con la belleza que aclamamos por fuera. Nos enorgullece resaltar el Salto Ángel, las playas y ser del caribe, pero ¿Lo cuidamos?…

¿Cuánto sabemos de lo que nos causa tanto orgullo? ¿Y qué de cuánto sabemos es cierto?

Despertemos, porque la vida que llevamos, que queremos llevar, esa que ansiamos, es una vida pensada para un mismo; a pesar de todas las dificultades, no olvidemos que somos seres sociales, y dependemos de una vida en sociedad.

La era del consumo está tan arraigada, tan bien vista, es tan agradable la sensación de adictivo bienestar que te produce la acción de comprar, que cuesta despegarse.

Neyria

Escrito en Diciembre del 2018,

en mi viaje luego de casi 4 años sin visitar Venezuela.

95818e5b96182dbcd2e0219e4a9e0d27?s=100&d=mm&r=g - Crisis, consumo y pesimismo en Venezuela

Soy una desconocida en mi propia existencia, intentado encontrarse en la esencia del tiempo.

Escribir es mi pasión.

El inevitable trance de mi existencia me recuerda que nací para apreciar cada una de las etapas de la supervivencia. Y que efectivamente, no soy un cactus…

¡Que dicha y desdicha mi movilidad!

No permitas que la simplicidad destruya tu poesía, tus sueños, tu pasión y tu alegría. Si tu poesía no es recibida por aquellas musas distantes; si tus sueños están en la cumbre de la montaña, o tu pasión y alegría palpita en el hilo del abismo. Aún así no te rindas; las musas son cambiantes, y la alegría, si sabes observar los pequeños instantes, aún cuando lo opaque la más ridícula monotonía, llegará porque: aún sigues siendo soñadora y apasionada.

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